El contrato de prestación de servicios regula la relación entre un profesional o autónomo y su cliente cuando se contrata un trabajo concreto sin relación laboral. Se rige por el Código Civil (arrendamiento de servicios) y es la base de la mayoría de proyectos freelance.
Un contrato claro evita los dos problemas más habituales del autónomo: que el cliente amplíe el alcance sin pagar más, y los retrasos o impagos.
Qué debe incluir un contrato de servicios
- Partes: datos del prestador del servicio y del cliente.
- Objeto: descripción precisa del servicio y de los entregables. Cuanto más concreto, menos discusiones.
- Precio y forma de pago: importe, calendario de pagos (por ejemplo, 50% al inicio) y datos de facturación.
- Plazos: fechas de entrega y consecuencias de los retrasos.
- Propiedad y confidencialidad: a quién pertenece el trabajo entregado y protección de la información.
Define bien el alcance
El punto más importante para un autónomo es delimitar el objeto del contrato. Especifica qué entra y qué no, y cómo se gestionan los cambios o trabajos adicionales (normalmente con un presupuesto aparte). Así evitas el temido “ya que estás…”.
Cobros y morosidad
Incluir un calendario de pagos y un interés de demora protege tu liquidez. Un anticipo al inicio reduce mucho el riesgo de impago y compromete al cliente con el proyecto.